domingo, 26 de septiembre de 2021

La sociedad del desencanto: estás siendo programado para ser infeliz y no lo sabes

No sé si es la cultura woke, el mileniarismo, el comunismo travestido de ecologismo, el neoliberalismo o maroto el de la moto, lo que sí veo con nítida claridad es que estamos siendo programados para ser infelices desde nuestra más tierna infancia.

El drama comienza precisamente ahí, en la más tierna infancia porque si antes nos quejábamos de que se fomentaba la competitividad y de las consecuencias que eso tenía tanto para los que ganaban siempre como para los que no ganaban nunca, ahora vemos que se fomenta el igualitarismo hasta el punto de que no es que no gane ninguno, ganan todos y del primero al último salen del colegio con copa, medalla y aplauso popular; todos son geniales, cosa cierta, ergo ninguno lo es ¿dónde queda la motivación? En el País de Nunca Jamás o en el de las Maravillas ¿qué importa esforzarse o no? ¿qué importa medirse y ver hasta donde es uno capaz de llegar si el resultado será siempre el mismo para todos? Ahí comienza a fraguarse la sociedad del desencanto, en el desconocimiento de las posibilidades de cada uno. 

Al no probarse a sí mismos, al ser uniformados ya no en su vestimenta, que eso al fin y a la postre es lo de menos, véase como se uniforman después voluntariamente en las tribus urbanas, sino en su comportamiento los pequeñuelos de Infantil llegan a Primaria sin saber muy bien de qué son capaces y sin tener ni la más remota idea de cuáles son sus habilidades. He ahí la clave del asunto; decía Sir Ken Robinson que la felicidad emana del éxito, es decir, que el hombre es feliz cuando tiene éxito; no hablaba Robinson de éxito en términos de popularidad televisiva o twittera sino del éxito que se deriva del hecho de ser bueno en lo que haces y de que así se te reconozca. Para alcanzar ese mundo feliz de Sir Ken Robinson, que es algo así como la antítesis del mundo feliz que narraba Huxley y al que parecemos dirigirnos cual borregos al matadero, lo que los niños deben descubrir en primer lugar es cuáles son sus habilidades, es decir, qué es lo que se les da bien, para qué tiene más facilidad y ¡he aquí la sorpresa! trabajar precisamente en esas habilidades, desarrollarlas tanto como puedan.

Eso es lo contrario de lo que viene haciendo el sistema educativo, un sistema que a lo que se dedica es a tratar de hacernos mejorar en lo que se nos da mal sin incidir en lo que se nos da bien porque eso se da por hecho... y así se limitan nuestras posibilidades de desarrollo. Y se limitan más si cabe si ante el afán igualitario los niños no llegan a descubrir siquiera para qué tienen más facilidad...

Continuaba Robinson explicando que la clave está en descubrir cuáles son las habilidades del niño, ayudarle a desarrollarlas y que luego, en ese campo, elija ya más concretamente a qué quiere decicarse; de ese modo tendríamos a un adulto que se dedica a algo que le gusta, para lo que tiene facilidad y algo que además ha trabajado. Sería difícil que el éxito no llegara en algún momento, es algo así como la el círculo viciso, la tormenta perfecta del éxito.


Pero, volviendo a Primaria, ya tenemos a los niños sin saber qué se les da bien porque todos han ganado en atletismo, todos son premio de dibujo y todos leen muy bien o muy mal, no importa, el caso es que todos han roto a leer...

Llega secundaria y el mantra es ya solo uno 'estudia y mejor por ciencias que tiene más salida'; ojo con las ingenierías, son lo más de lo más pero muy difíciles, de Humanidades olvídate, no hay salida, ¿leer? psá, los niños tienen otros intereses... Y así se crea el círculo vicioso, el opuesto al círculo virutuoso al que quería encaminarnos Robinson.

Otro de los capítulos estelares del drama es el brutal número de adolescentes que, ya en bachillerato, no tienen ni idea de qué van a estudiar ¿es porque nada les interesa? ¿es porque son la generación del desencanto? ¿es la adolescencia que los tiene oprimidos? ¿el patriarcado? ¿el feminismo radical? Es que no han conocido y desarrollado sus habilidades y por tanto difícilmente van a saber a qué aplicarlas.

Si a todo esto le añadimos condimentos como el constante bombardeo de aquello a lo que tenemos derecho sin que se de ni una sola píldora de las obligaciones inherentes a esos derechos resulta que cuando llegamos a los 20, a los 30 y más allá nos convertimos en una pieza más de la sociedad del desencanto y lo hacemos revelándonos contra el mundo, contra los políticos fachas y contra los comunistas, contra los liberales y por supuesto contra los neoliberales, contra los socialdemócratas y hasta contra los ecologistas, cada cual contra el que le caiga más gordo.

¿Y cómo romper la espiral del desencanto? Dependerá del tramo de la espiral en el que estemos pero tanto si queremos evitar que nuestros hijos se vean inmersos en ella como si queremos ser nosotros los que la abandonemos hemos de tener claro que vamos a remar contracorriente y que si nos paramos a responder a cada perro que nos ladre acabará por llevarnos la corriente...

Definitivamente creo que estamos siendo programados para estar desencantados y sumisos, para conformarnos con nuestro triste destino porque, al fin y al cabo, es para todos igual así que nada se puede hacer... Claro que eso de que nada se puede hacer es cierto solo si nada se hace.

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