sábado, 20 de marzo de 2021

Populista, extremista, radical, comunista, trumpista, fascista... ¡es el nacionalismo, idiotas!

La de calificativos, algunos fieles a la realidad y otros meros fuegos de artificio, que se oyen últimamente en nuestro patio político da para un análisis... o no. Porque lo que pretenden alimentar con este baile de calificativos es el manido eje izquierda-derecha con nuevos matices: en la derecha hay una 'nueva' extrema derecha (que no será tan nueva ni tan extrema cuando hasta ayer por la tarde vivía cómodamente integrada en el PP) y en la izquierda... en la no importa lo que pase (y mira que pasan cosas) porque todo vale contra esa nueva extrema derecha con la que el PP está abocado a aliarse.

No compro ese marco y no solo porque me parezca hasta obsceno que se hable de la radicalidad de la derecha desde una izquierda que se acuesta con Bildu, ERC y el PNV sino porque esa no es la dualidad en que vivimos, no se trata de izquierda o derecha (si así fuera ¿qué hace el PNV integrado en Frankenstein), esa es la yenka de otros tiempos, se trata de nacionalismo o libertad.

 
 
Permítanme que me ponga la tirita antes de la herida: sé que, una vez más, clamo en el desierto no solo porque este blog no lo leen más que cuatro amigos mal contados sino porque hablar del daño que ha hecho el nacionalismo en la sociedad española con la connivencia de PP y PSOE en los últimos 40 años es como hablar del sexo de los ángeles, no interesa a nadie pero, créanme, es el elefante que tenemos en la habitación y hacer como que no lo vemos o, peor, no verlo, no lo va a hacer desaparecer.

El nacionalismo es un cáncer que en España ha sido criado a los pechos del bipartidismo y, como sucede con todo cáncer, ha llegado a la fase de metástasis y ahora allí donde no hay una lengua propia se inventa (véase la confusión del bable, que es un habla, con un idioma) y donde no se puede inventar se alimenta el sentimiento regionalista con otros ingredientes (sirva de ejemplo Teruel Existe); y así, cada uno desde su terruño, con su bandera y sus cosas, declara la república independiente de su casa. A eso hemos llegado.

En Galicia el PP logra mantener en sus filas a los conservadores galleguistas a cambio de comportarse como si fuese el Partido Nacionalista Gallego, en Cantabria Revilla se define claramente: Partido Regionalista Cántabro, el catalanismo se extiende hacia Baleares y Valencia, las Castillas sueltan exabruptos hacia el Madrid al que emigran muchos de sus ciudadanos y en lugares como Extremadura se vota a partidos que se empeñan en no llevar el tren de alta velocidad a la región y en limitar sus hectáreas de cultivo de la uva del cava en beneficio de otras regiones ¿por qué? porque no es la corrupción, como dice López Zafra, es su reparto.

El nacionalismo es el cáncer que nos quiere matar y no hablo de matar el régimen del 78 o la España constitucional sino de matar nuestra libertad porque eso es lo que hace el nacionalismo. Siempre. Basta con leer un poco de historia para descubrirlo o simplemente abrir los ojos: yo misma crecí en la Galicia en la que uno hablaba el idioma que se le antojaba (yo gallego con mi bisabuela, castellano con mi abuela, a veces lo uno y a veces el otro con los clientes de la librería que regentaba mi madre...) y que cursó estudios universitarios en una Galicia en la que si defendías la universalidad de la cultura eras facha. Miro a España entera desde Madrid (un Madrid al que emigré, como tanta gente y como bien dijo no hace mucho Díaz Ayuso, a que me dejaran en paz) y veo ese proceso repetido región a región, en algunos lugares como el País Vasco o Cataluña van muy por delante y en otras regiones en fases previas pero camino del mismo fin. He aquí la cuestión, el fin. Ellos dirán que el fin es la independencia y la libertad y esa es la gran mentira. El fin no será la libertad sino de la libertad.


PP y PSOE maniobraron con el nacionalismo a su antojo y en su propio beneficio durante años mientras engordaban a la bestia, en la moción de censura que encaramó al PSOE al poder se llegó al summun de ese proceso: fue a lomos de todo el nacionalismo pastoreado por Podemos como el PSOE ganó aquella moción de censura y gobierna hoy. Y ahora que el nacionalismo tiene más poder que nunca ¿se ve ya su capacidad destructiva? ahora que Cataluña ya no es vanguardia de España sino región en decadencia ¿se ve la evolución del tumor? lamentablemente creo que no.

Y para explicar por qué creo que no vuelvo al título de este post: populista, extremista, radical, comunista, trumpista, fascista... así se definen e insultan nuestros políticos pero nadie habla de nacionalismo, del nacionalismo del que ya sea en connivencia o por antagonismo se alimentan o alimentaron todos.

¿Qué sería Podemos sin sus confluencias nacionalistas? lo veremos pronto porque las ha ido perdiendo y las ha perdido porque el regionalismo no puede tener cabida en un partido nacional más que durante un rato y de modo instrumental como sucedió al calor del 15m; ¿qué sería del PSOE con un Podemos entre el cero y la nada y sin sus acuerdos con los partidos nacionalistas y regionalistas? lo mismo que es hoy el PP sin partidos nacionalistas a los que abrazarse porque incluso los nacionalistas conservadores se han ido a ser un trozo de Frankenstein... pero sucede con esto lo mismo que con Podemos, son acuerdos que funcionan en un momento determinado por una razón determinada, veremos cuando baje el sufflé (y está bajando).

La cuestión es ¿tenemos un partido nacional capaz de echarle lo que hay que echarle a la vida y a la política (recuerden esta columna de Girauta publicada en ABC: al que le tiemblen las piernas que no juegue) y plantarse en las próximas elecciones bajo un lema del estilo 'nacionalismo o libertad'? gustará o no, le funcionará o no, pero Ayuso en Madrid lo ha hecho porque en Madrid hablar de nacionalismo es hablar del sexo de los ángeles, aquí, salvo cuatro gatos, nadie es de Madrid ni deja de serlo, a lo que había que ponerle nombre es a la izquierda regresiva disfrazada de progresista y ella se ha atrevido a hacerlo, a nivel nacional el asunto es, a mi modo de ver, claro: o bien queremos que nos gobierne una mezcla de regionalismos y nacionalismos pastoreados por la izquierda (dado que es ahí donde han ido todos a confluir) o no, dicho de otro modo, nacionalismo o libertad... sé quienes representan al nacionalismo tanto abierta como solapadamente, lo que no tengo nada claro es si alguien defiende, de verdad, la libertad.