miércoles, 1 de febrero de 2023

Llegó con un NO es NO y se irá con un SÍ es SÍ.

Que llegara con el NO es NO grabado en la frente y se vaya a ir con el SÍ es SÍ tatuado en la espalda es casualidad pero también muy representativo de la riqueza ética y retórica del personaje. 

 
Pedro Sánchez antes de viajar a Rabat.Juan Carlos Hidalgo EFE (ElMundo.es)

Se abrazó al NO es NO como si esa escueta frase contuviese la sabiduría de todos los filósofos que en el mundo han sido, ahora trata de desembarazarse de su antónimo, un SÍ es SÍ que se traduce en la reducción de penas para los agresores sexuales y en el fin de los días en los que el poderoso parecía ser él; en realidad fue todo un espejismo, nunca tuvo del poder más que la sensación de él, quienes mandaban realmente eran quienes parecían dejarle mandar a él: mandaba (manda) Otegui, mandaba (manda) Junqueras, mandaba (manda) la élite económica con la niña del banco a la vanguardia y mandaba, mal que nos pese, Pablo Iglesias, no porque él en sí haya ostentado jamás poder alguno sino porque Sánchez le robó el proyecto para gozo y alborozo de los que mandan (y mandaban).

Que va a pasar a la historia es cierto, y él lo sabe, pero también sabe que a la historia han pasado hasta los personajes más infames, de ahí su preocupación por cómo será recordado, una preocupación que, según hemos descubierto estos días gracias a Máximo Huerta, viene de antiguo: ya cuando formó su primer gobierno, aquel que muchos llamaron 'el gobierno bonito', le quitaba algo el sueño pensar en cómo pasaría a la historia... Pero le sucedió lo que, antes o después, nos sucede a todos: la realidad se impone.

Y su realidad era bien sencilla: el PSOE del NO es NO no podía gobernar con Rivera como no pudiera antes dejar gobernar a Rajoy ¿y entonces? Entonces Pablo Iglesias (Turrión), que había llenado antes el traje vacío* de Pedro Sánchez, refundó el PSOE (déjenme que me explique antes de pensar que desvarío...).

No es que las cosas le hayan ido a Iglesias como él quería, de hecho se dice que ahora sueña con un gobierno PP + VOX para tomar las calles y volver a empezar a ver si en un segundo asalto a los cielos, con los 'ajustes' en el sistema que dejará hechos el PSOE, la cosa le sale mejor, sino que Pedro Sánchez entendió el mensaje que le lanzaron sus compañeros de partido cuando lo echaron de la sede y de la secretaría general: con el PSOE que fuera un día de González, aun habiendo pasado por las manos de Zapatero, no podría él hacer lo necesario para gobernar sin el centro derecha y esa es una clave que muchos, todavía a día de hoy, no entienden: su No es No era también un NO a Rivera ¡pero si hubo un momento en el que incluso firmaron un pacto! exclaman los mismos que dicen que los males que nos acechan son culpa del Cs que no se rindió y no del PSOE que los cometió ni del PP que los permitió... No me hagan explicar lo que es el postureo ni recordar que entonces, en el tristemente célebre pacto del abrazo, el PSOE de González todavía respiraba (con dificultad... pero respiraba).

Sánchez tenía que enterrar al PSOE de la cal viva (así lo definió Iglesias, no yo) y lo hizo porque el PSOE que vio sufrir y morir a los suyos a manos de ETA no soportaría la foto que se hicieron Simancas y Lastra con Bildu ni lo que esa foto suponía; a partir de ahí ya todo fue una huida hacia adelante que tal vez los libros de historia alcancen a explicar (aunque sólo si borramos del mapa la Ley Celáa), una huida que alcanzó el clímax al grito de ¡SÍ es SÍ!. 

Fue entonces, presa quizá del fervor del momento, cuando Sánchez cometió el error que, más allá de todo lo que ha hecho y dejado de hacer, lo sacará de la Moncloa: defendió públicamente el SÍ es SÍ de Podemos, una ley que para agravar las penas de los condenados por delitos sexuales 'menores', aligeraba las de los condenados por delitos sexuales graves. Cabe que no supiera lo que hacía o que no supiera medir lo imperdonable que iba a resultar eso en las urnas, cabe que se confiara pensando que, dado que las feministas de hoy en día proponían la ley, todas miraríamos para otro lado al ver a los delincuentes sexuales con sus penas reducidas, es posible que todavía hoy piense que el feminismo es Irene Montero y no Clara Campoamor o, a lo peor, piensa que son lo mismo...

Pero nada de eso importa ya. Lo que importa es que del mismo modo que al gritar NO es NO se convirtió en líder de la izquierda e incluso de parte de la derecha, al gritar SÍ es SÍ se convirtió en Pablo Iglesias y, lo que es más importante, rubricó la transformación del PSOE en Podemos, su particular refundación del PSOE.

Y, si es verdad eso que dicen algunos de que las elecciones se ganan en el centro, tras renunciar a la socialdemocracia y al pensamiento liberal progresista, el PSOE renuncia a ganar... o gana desde la radicalidad más absoluta (tan absoluta que lleva en su seno a terroristas condenados).

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*La definición de Sánchez como traje vacío es de Juan Carlos Girauta.

martes, 13 de diciembre de 2022

Yo también fui un 'equidistante exquisito'.

Fue hace muchos años, tantos que todavía era joven y de izquierdas (xa choveu, que dicen en mi tierra) pero luego me caí del caballo; ocurrió cuando ¡por fin! el PSOE llegó a la Xunta de Galicia, por entonces muchos jóvenes gallegos tuvimos la sensación de que por fin íbamos a ventilar, a quitar el olor a rancio y naftalina de nuestro gobierno, a hacer que Galicia se moviese hacia el futuro en lugar de estar anclada a un pasado de emigración… pero sucedió que el PSOE llegaba a la Xunta encamado con el Bloque Nacionalista Gallego y sucedió que entonces algunos nos dimos cuenta de que los vínculos del PSOE con la extrema izquierda nacionalista, ERC y Bildu incluidos puesto que eran los ‘amigos’ del BNG, iban en serio.

Claro que los equidistantes exquisitos de entonces no teníamos unas anteojeras tan grandes (o unas tragaderas tan amplias) como los de ahora; aquel gobierno de extrema izquierda que nos colocó el PSOE en Galicia duró lo que un caramelo a la puerta de un colegio y, como con los gallegos no se juega (que parecéis nuevos…) el PSOE no fue jamás alternativa de gobierno en la región; añádanle a ello que el PP de Galicia ha sabido convertirse en el PNV gallego y verán como por muy de izquierdas que sean Vigo o La Coruña (las ciudades más pobladas) seguirá sin llegar la izquierda de nuevo a la Xunta de Galicia.


Ahora, mis queridos equidistantes exquisitos, os veo asustados por si lo que llamáis extrema derecha llega al poder (y digo ‘lo que llamáis’ no porque niegue la existencia de la extrema derecha, existe por supuesto, igual que existe la extrema izquierda (que yo también fui equidistante exquisita y el que tuvo siempre retuvo…) sino porque no vale llamar ultraderecha a todo lo que no es izquierda como hacíais con Cs o con el PP cuando no existía VOX: ser conservador no es ser de extrema derecha, es ser conservador ¿que no os gusta? A mi tampoco me han gustado nunca… pero no por ello he dejado de darme cuenta de que tan rancio es el olor de la extrema derecha como el de la extrema izquierda, tan feos los jerséis de punto de la extrema derecha como los chándales de la extrema izquierda… (y eso, queridos, no es ser equidistante en cuestión de moda, es tener ojos en la cara y usarlos).

Lo que me pregunto es si, como sucedió en Galicia, ver al PSOE encamado con la extrema izquierda nacionalista (que es lo más racista y rancio de nuestro país) os hará caeros del caballo o seguiréis temiendo más lo que pueda hacer la extrema derecha si llega al poder mientras os gobierna una izquierda que hace lo que teméis que pueda hacer la extrema derecha si llega al poder…


miércoles, 7 de diciembre de 2022

El regionalismo es parte del problema, no de la solución.

El regionalismo, como hijo que es del nacionalismo, es un elemento disgregador y disolvente, un constructo político-social utilitario para unos pocos y destructivo para todos los demás. Me explico:

Como elemento disgregador: el regionalismo, como el nacionalismo, levanta fronteras y defiende los intereses de unos pocos frente a los de la mayoría creando una situación ficticia en la que la mayoría ataca a esos pocos, ese victimismo al nacionalismo le ha funcionado pero eso no significa que suceda lo mismo con el regionalismo, no va a ser así, se van a convertir en movimientos en beneficio de unos pocos y no me riefiero a los pocos de la región que dicen defender sino los pocos que se beneficiarán de la gestión de su negociado, nada más.

Como elemento disolvente: un nacionalista gallego, igual que un regionalista gallego, reconoce a Rosalía sólo cuando escribe en gallego y considera gallegos ilustres a los que lo han sido en Galicia o en gallego, obvia lo que Galicia ha sido y es en España, obviando a gente como Emilia Pardo Bazán, quien decía ésto: 'Si me preguntasen cómo podrá España seguir existiendo, qué hacer para conseguirlo, diré que lo primero instruirse, lo segundo instruirse, lo tercero instruirse y después desenvolverse con arreglo a su naturaleza y con variedad y libertad, reconociendo, respetando, cultivando la intimidad de cada región'.

Como constructo político-social utilitario para algunos: los movimientos regionalistas van a convertirse, se están convirtiendo ya, en gestores de votos e intereses, ahí está Teruel Existe apoyando al gobierno ¿a cambio de qué? No se sabe de nada que haya beneficiado a su región pero seguro que con el tiempo sabremos que intereses de los gestores de esta oficina, la de Teruel Existe, sí se han visto satisfechos.

Como constructo político-social destructivo: lo es en la medida que es disolvente y disgregador, por supuesto, pero lo es también hacia sí mismo: en la medida en la que se enaltece la identidad regional de una zona de España se oculta la identidad nacional de esa región, vuelvo al ejemplo de Galicia, el nacionalismo y el regionalismo disuelve la cultura gallega en la que se enaltece a los Castelao, Pondal, Curros Enriquez... y se 'olvida' a Pardo Bazán, a Valle-Inclán... a todos los gallegos que han engrandecido la cultura y la historia de España.

Hablamos en mil y una ocasiones, y o también lo he hecho, de la diversidad cultural de España y de la necesidad de preservarla y cultivarla, precisamente lo explicó una de esas gallegas ilustres que obvian los galleguistas y nacionalistas gallegos, insisto con Doña Emilia Pardo Bazán: 

En este sentido los movimientos regionalistas y nacionalistas podrían jugar un papel positivo si fueran agregadores y enriquecedores pero su trayectoria política desmiente esta posibilidad, son elementos que no cultivan la identidad propia de su región sino que se sirven de ella diciendo que la defienden ¿de quién la defienden? ¿de qué la defienden? En Cataluña, por ejemplo se coaligan con la inmigración marroquí frente a la española como si a una catalana la oprimiera más un español católico que un marroquí de religión musulmana... La clave de todo la la propia Emilia Pardo Bazán: lo primero, lo segundo y lo tercero es instruirse, no disgregarse ni disolverse culturalmente.

El regionalismo es cada vez más poderoso (ahí está el PRC, Teruel Existe, el PP de Galicia totalmente permeado por el regionalismo gallego...) como respuesta al poder que PP y PSOE han dado a los nacionalismos y digo bien, han dado, porque han ido mucho más allá de pactar para poder formar gobiernos estables, han supeditado siempre, incluso cuando no era necesario y más allá de los límites de lo razonable, el desarrollo del país a sus intereses; el PSOE no ha llegado a meter en la dirección del estado a Bildu y ERC por casualidad ni por interés de Pedro Sánchez, que también, lo ha hecho porque podía, porque era sólo dar un paso más después de tantos pasos dado en esa dirección.

El nacionalismo es un cáncer y el regionalismo también y, ojo, no digo con eso que haya que obviar o machacar la diversidad cultural de España, en absoluto, soy de la opinión de Emilia Pardo Bazán, lo que digo es que unos pocos no pueden someter a millones, los nacionalistas vascos y catalanes no pueden marcar el rumbo de una nación de casi 50 millones de personas y el regionalismo no suponen ningún freno a esto sino todo lo contrario, es ahondar en el problema.

Lo dije hace tiempo e insisto regularmente en ello: No los conocéis, no sabéis quiénes son ni entendéis para qué han venido hablando de los movimientos nacionalistas.

viernes, 18 de noviembre de 2022

El feminismo que fue... y el que todavía es.

Recuerdo cuando el feminismo era Emilia Pardo Bazán y Clara Campoamor, cuando era Virgina Woolf con su habitación propia... y cuando era yo misma a la gresca con mi madre porque mi hermano, que tenía dos años menos que yo, gozaba de más libertades y se le pedían menos cuentas en su adolescencia temprana que a mi en plena pubertad. Pero eso fue hace mucho tiempo, tanto que tenía yo entonces unos 16 años y he cumplido ya los 48.

También recuerdo el momento en el que empezó a escamarme el feminismo que había abrazado apasionadamente aquellos 16 años y con el que seguía felizmente coaligada a los 18, a los 20 y aún unos cuantos años más tarde. Fue cuando se empezó a hablar de sororidad... ¿Por qué? Porque la única batalla feminista que me tocó librar en primera persona fue la luché frente a mi madre ¿y me decían ahora que como ella también era mujer, chitón? Ah no. Por ahí no iba yo a pasar. Libertad es libertad y quien intente coartar la mía, me importaba (y me importa) poco si era hombre, mujer o del sexo o género que pueda o quiera ser, faltaría más.

Me parecía evidente que el feminismo estaba tomando partido de un modo incomprensible, que estaba siendo penetrado por una ideología de izquierda radical que lo que hacía era viciar la esencia misma del feminismo; cabe que hubiera un tiempo en el que esto fuera discutible, hoy no, hoy cuando se puede llamar pirada y asesina a Ayuso por ser de derechas sin que ni a una feminista se le mueva una ceja pero resulta ser machismo critiar alguna medida que defienda la izquierda, no.

 
Y eso que ya era eviendente es estos días dolorosamente visible aunque pocos periodistas lo señalen (por razones que solo ellos saben): las mismas mujeres que toman las calles cada 8 de marzo, que las tomaron incluso en 2019 ya con la pandemia en plena ebullición porque 'el machismo mata más que el coronavirus', esas mismas mujeres callan hoy y se esconden o, a lo sumo, critican desde la moderación que tanto gusta a Feijóo (salvo alguna honrosa excepción), y desde luego no toman las calles ahora que saben, porque ya lo saben, está ocurriendo, que con la ley del sí es sí se han reducido las penas a violadores y agresores sexuales, desde esa ley no sólo sale más barato agredir sexualmente a una mujer sino que, si has sido juzgado por ese delito, puedes pedir revisión de pena y ver reducida tu condena.

El día que descubramos que no hay partido político ni sindicato que nos represente por siempre jamás, el día que nos demos cuenta de que lo importante es defender nuestros intereses como ciudadanas libres y votar y actuar en nuestro beneficio y no en beneficio de un bien supuestamente mayor, vagamente descrito y que acaba con unos pocos estrenando chalet y muchos delincuentes viéndose beneficiados, ese día igual ya es tarde pero bien estará ser conscientes de que hemos vendido barata nuestra libertad.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Lo impensable.

Jamás pensé, después de la indignación que vi y sentí tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que Bildu sería socio de gobierno de nadie, ni que nadie se atrevería a facilitar la vida a los terroristas que no colaboraran con la justicia. Pero lo estoy viendo, está ocurriendo.

Nunca pensé, aun después de ver a tantos negar la conveniencia de la pena de prisión permanente revisable, que nadie se atreviera a reducir las penas por violación y agresión sexual; menos aún que lo haría el feminismo militante. Pero lo estoy viendo, está ocurriendo.

No pensé, después de ver el terrorismo callejero en Barcelona alentado por el independentismo y una manifestación histórica que sacó a un millón de personas a la calle a pedir prisión para Puigdemont, que nadie se fuera a atrever a indultar a los sediciosos ni mucho menos a anular el delito de sedición para que cuando, como prometen, lo vuelvan a hacer, les salga gratis. Pero lo estoy viendo, está ocurriendo.


Pensé, aunque me negué a creerlo, que vería a una región entera, la catalana, pasarse por el arco del triunfo una resolución de los tribunales que concede a los padres el derecho a que sus hijos estudien un 25% de tu tiempo en catalán, ni que se perseguiría a los niños en el patio del colegio por no hablar catalán sin que le cueste ni medio disgusto a nadie, salvo a los perseguidos. Pero lo estoy viendo, está ocurriendo.

Pensé que un discurso tan rastrero como el que propone mantener memoria perenne de la dictadura que terminó en los años 70 del siglo pasado y un solmene olvido de los asesinatos terroristas que se estuvieron cometiendo hasta el 30 de julio de 2009, haría aguas, no tendría éxito más que entre los terroristas, independentistas y en la izquierda más sectaria. Pero lo estoy viendo, está ocurriendo, es el discurso hegemónico.

Y todo esto no está ocurriendo por casualidad, está ocurriendo porque Sánchez elegió gobernar con quienes defienden lo impensable y, transcurrida la campaña electoral en la que aseguró lo contrario, dedicarse también él a defender e implementar lo impensable.

Pero lo peor, siendo de una gravedad superlativa, no es eso; lo peor es la profunda melancolía aliñada con toques de desesperación que despierta la oposición en quienes nos oponemos a lo impensable...