domingo, 26 de septiembre de 2021

La sociedad del desencanto: estás siendo programado para ser infeliz y no lo sabes

No sé si es la cultura woke, el mileniarismo, el comunismo travestido de ecologismo, el neoliberalismo o maroto el de la moto, lo que sí veo con nítida claridad es que estamos siendo programados para ser infelices desde nuestra más tierna infancia.

El drama comienza precisamente ahí, en la más tierna infancia porque si antes nos quejábamos de que se fomentaba la competitividad y de las consecuencias que eso tenía tanto para los que ganaban siempre como para los que no ganaban nunca, ahora vemos que se fomenta el igualitarismo hasta el punto de que no es que no gane ninguno, ganan todos y del primero al último salen del colegio con copa, medalla y aplauso popular; todos son geniales, cosa cierta, ergo ninguno lo es ¿dónde queda la motivación? En el País de Nunca Jamás o en el de las Maravillas ¿qué importa esforzarse o no? ¿qué importa medirse y ver hasta donde es uno capaz de llegar si el resultado será siempre el mismo para todos? Ahí comienza a fraguarse la sociedad del desencanto, en el desconocimiento de las posibilidades de cada uno. 

Al no probarse a sí mismos, al ser uniformados ya no en su vestimenta, que eso al fin y a la postre es lo de menos, véase como se uniforman después voluntariamente en las tribus urbanas, sino en su comportamiento los pequeñuelos de Infantil llegan a Primaria sin saber muy bien de qué son capaces y sin tener ni la más remota idea de cuáles son sus habilidades. He ahí la clave del asunto; decía Sir Ken Robinson que la felicidad emana del éxito, es decir, que el hombre es feliz cuando tiene éxito; no hablaba Robinson de éxito en términos de popularidad televisiva o twittera sino del éxito que se deriva del hecho de ser bueno en lo que haces y de que así se te reconozca. Para alcanzar ese mundo feliz de Sir Ken Robinson, que es algo así como la antítesis del mundo feliz que narraba Huxley y al que parecemos dirigirnos cual borregos al matadero, lo que los niños deben descubrir en primer lugar es cuáles son sus habilidades, es decir, qué es lo que se les da bien, para qué tiene más facilidad y ¡he aquí la sorpresa! trabajar precisamente en esas habilidades, desarrollarlas tanto como puedan.

Eso es lo contrario de lo que viene haciendo el sistema educativo, un sistema que a lo que se dedica es a tratar de hacernos mejorar en lo que se nos da mal sin incidir en lo que se nos da bien porque eso se da por hecho... y así se limitan nuestras posibilidades de desarrollo. Y se limitan más si cabe si ante el afán igualitario los niños no llegan a descubrir siquiera para qué tienen más facilidad...

Continuaba Robinson explicando que la clave está en descubrir cuáles son las habilidades del niño, ayudarle a desarrollarlas y que luego, en ese campo, elija ya más concretamente a qué quiere decicarse; de ese modo tendríamos a un adulto que se dedica a algo que le gusta, para lo que tiene facilidad y algo que además ha trabajado. Sería difícil que el éxito no llegara en algún momento, es algo así como la el círculo viciso, la tormenta perfecta del éxito.


Pero, volviendo a Primaria, ya tenemos a los niños sin saber qué se les da bien porque todos han ganado en atletismo, todos son premio de dibujo y todos leen muy bien o muy mal, no importa, el caso es que todos han roto a leer...

Llega secundaria y el mantra es ya solo uno 'estudia y mejor por ciencias que tiene más salida'; ojo con las ingenierías, son lo más de lo más pero muy difíciles, de Humanidades olvídate, no hay salida, ¿leer? psá, los niños tienen otros intereses... Y así se crea el círculo vicioso, el opuesto al círculo virutuoso al que quería encaminarnos Robinson.

Otro de los capítulos estelares del drama es el brutal número de adolescentes que, ya en bachillerato, no tienen ni idea de qué van a estudiar ¿es porque nada les interesa? ¿es porque son la generación del desencanto? ¿es la adolescencia que los tiene oprimidos? ¿el patriarcado? ¿el feminismo radical? Es que no han conocido y desarrollado sus habilidades y por tanto difícilmente van a saber a qué aplicarlas.

Si a todo esto le añadimos condimentos como el constante bombardeo de aquello a lo que tenemos derecho sin que se de ni una sola píldora de las obligaciones inherentes a esos derechos resulta que cuando llegamos a los 20, a los 30 y más allá nos convertimos en una pieza más de la sociedad del desencanto y lo hacemos revelándonos contra el mundo, contra los políticos fachas y contra los comunistas, contra los liberales y por supuesto contra los neoliberales, contra los socialdemócratas y hasta contra los ecologistas, cada cual contra el que le caiga más gordo.

¿Y cómo romper la espiral del desencanto? Dependerá del tramo de la espiral en el que estemos pero tanto si queremos evitar que nuestros hijos se vean inmersos en ella como si queremos ser nosotros los que la abandonemos hemos de tener claro que vamos a remar contracorriente y que si nos paramos a responder a cada perro que nos ladre acabará por llevarnos la corriente...

Definitivamente creo que estamos siendo programados para estar desencantados y sumisos, para conformarnos con nuestro triste destino porque, al fin y al cabo, es para todos igual así que nada se puede hacer... Claro que eso de que nada se puede hacer es cierto solo si nada se hace.

jueves, 12 de agosto de 2021

La socialdemocracia ha muerto ¡larga vida a la socialdemocracia!

 Cuando hablamos de democracias liberales ¿hablamos de democracias liberales? No lo creo y la clave para no creerlo me la ha dado Cristian Campos al decir esto: 'El pacto fundacional de las sociedades liberales modernas es el que dice que, a cambio de la cesión del monopolio de la fuerza y de más de la mitad de los frutos de tu trabajo (impuestos), el Estado te garantiza seguridad, educación y sanidad públicas'.

Si el pacto es ceder más de la mitad de los frutos de tu trabajo para podamos disfrutar de servicios públicos universales (sanidad, educación, seguridad...) no hablamos de liberalismo sino de socialdemocracia y ahí reside el problema que vivimos porque, en el ámbito ideológico, la socialdemocracia ha muerto, tal vez de éxito o de lo que fuera o fuese, el caso es que no le queda ni un solo teórico, ni un ideólogo, ningún propagandista ni ningún paladín. Y es que la socialdemocracia, siendo buena, no lo es tanto para quienes viven hablando de los derechos que tienen por el mero hecho de haber nacido y no mentan ni uno solo de sus deberes como tampoco se menta la soga en casa del ahorcado.

Para un socialdemócrata los impuestos están bien, los servicios públicos también, incluso los subsidios y las becas son bienvenidos pero ¡ojo! esos no son universales, es decir, tienes que ganártelos, exigen un esfuerzo; te damos una beca y te pagamos tus estudios como inversión, no como donación ni como gasto ¿cómo vamos a perder un talento que puede hacer nuestra sociedad mejor porque ha nacido en una familia paupérrima de la España vacía? ¡claro que no! beca al canto para rescatar ese talento... Ahora bien, si eres un vago de tomo y lomo ¿a santo de qué hay que pagarte beca o subsidio alguno? la socialdemocracia es como el Dios cristiano, ayúdate tú para que te ayude yo...

El problema de la muerte de la socialdemocracia viene agrabado por lo que ha sucedido con el espacio ideológico que ocupaba, ese espacio, una vez vacío, podía haberlo ocupado el liberalismo progresista que es lo más parecido a la socialdemocracia clásica pero lamentablemente no ha sido así, ha sido el socialismo trufado de comunismo y con claros matices populistas lo que se ha hecho con el espacio socialdemócrata y por eso el edificio democrático de eso que llamamos democracia liberal se desmorana.

Se desmorona porque nunca fue, de facto, una democracia liberal, los primeros gobiernos del PSOE sentaron las bases de una democracia socialdemócrata que los conservadores, al llegar al poder, respetaron liberalizando, y solo un poco, la economía, nada más. ¿Resultado? la muerte de la socialdemocracia daña la estructura de nuestro edificio democrático, los nacionalistas lo saben y tratan de aprovechar ese daño para acometer el derribo definitivo ¿estamos condenados? sí... o no, pero no veo más que dos opciones:

O bien se impone el socialismo trufado de comunismo y populismo que representan el PSOE de Pedro Sánchez y Podemos, y en ese caso nuestra democracia socialdemócrata está muerta, o bien se imponen las ideas liberales y conservadoras que representan (o tratan de representar o de hacer como que representan...) el PP y VOX y en ese caso habrá que restaurar el edificio para evitar su desplome y después reconstruirlo en base a nuevos parámetros porque, puesto que la socialdemocracia ha muerto, la democracia ha de ser liberal o no será. Y si no es no será ni tan siquiera democracia, convendría que comenzásemos a comprenderlo.

sábado, 20 de marzo de 2021

Populista, extremista, radical, comunista, trumpista, fascista... ¡es el nacionalismo, idiotas!

La de calificativos, algunos fieles a la realidad y otros meros fuegos de artificio, que se oyen últimamente en nuestro patio político da para un análisis... o no. Porque lo que pretenden alimentar con este baile de calificativos es el manido eje izquierda-derecha con nuevos matices: en la derecha hay una 'nueva' extrema derecha (que no será tan nueva ni tan extrema cuando hasta ayer por la tarde vivía cómodamente integrada en el PP) y en la izquierda... en la no importa lo que pase (y mira que pasan cosas) porque todo vale contra esa nueva extrema derecha con la que el PP está abocado a aliarse.

No compro ese marco y no solo porque me parezca hasta obsceno que se hable de la radicalidad de la derecha desde una izquierda que se acuesta con Bildu, ERC y el PNV sino porque esa no es la dualidad en que vivimos, no se trata de izquierda o derecha (si así fuera ¿qué hace el PNV integrado en Frankenstein), esa es la yenka de otros tiempos, se trata de nacionalismo o libertad.

 
 
Permítanme que me ponga la tirita antes de la herida: sé que, una vez más, clamo en el desierto no solo porque este blog no lo leen más que cuatro amigos mal contados sino porque hablar del daño que ha hecho el nacionalismo en la sociedad española con la connivencia de PP y PSOE en los últimos 40 años es como hablar del sexo de los ángeles, no interesa a nadie pero, créanme, es el elefante que tenemos en la habitación y hacer como que no lo vemos o, peor, no verlo, no lo va a hacer desaparecer.

El nacionalismo es un cáncer que en España ha sido criado a los pechos del bipartidismo y, como sucede con todo cáncer, ha llegado a la fase de metástasis y ahora allí donde no hay una lengua propia se inventa (véase la confusión del bable, que es un habla, con un idioma) y donde no se puede inventar se alimenta el sentimiento regionalista con otros ingredientes (sirva de ejemplo Teruel Existe); y así, cada uno desde su terruño, con su bandera y sus cosas, declara la república independiente de su casa. A eso hemos llegado.

En Galicia el PP logra mantener en sus filas a los conservadores galleguistas a cambio de comportarse como si fuese el Partido Nacionalista Gallego, en Cantabria Revilla se define claramente: Partido Regionalista Cántabro, el catalanismo se extiende hacia Baleares y Valencia, las Castillas sueltan exabruptos hacia el Madrid al que emigran muchos de sus ciudadanos y en lugares como Extremadura se vota a partidos que se empeñan en no llevar el tren de alta velocidad a la región y en limitar sus hectáreas de cultivo de la uva del cava en beneficio de otras regiones ¿por qué? porque no es la corrupción, como dice López Zafra, es su reparto.

El nacionalismo es el cáncer que nos quiere matar y no hablo de matar el régimen del 78 o la España constitucional sino de matar nuestra libertad porque eso es lo que hace el nacionalismo. Siempre. Basta con leer un poco de historia para descubrirlo o simplemente abrir los ojos: yo misma crecí en la Galicia en la que uno hablaba el idioma que se le antojaba (yo gallego con mi bisabuela, castellano con mi abuela, a veces lo uno y a veces el otro con los clientes de la librería que regentaba mi madre...) y que cursó estudios universitarios en una Galicia en la que si defendías la universalidad de la cultura eras facha. Miro a España entera desde Madrid (un Madrid al que emigré, como tanta gente y como bien dijo no hace mucho Díaz Ayuso, a que me dejaran en paz) y veo ese proceso repetido región a región, en algunos lugares como el País Vasco o Cataluña van muy por delante y en otras regiones en fases previas pero camino del mismo fin. He aquí la cuestión, el fin. Ellos dirán que el fin es la independencia y la libertad y esa es la gran mentira. El fin no será la libertad sino de la libertad.


PP y PSOE maniobraron con el nacionalismo a su antojo y en su propio beneficio durante años mientras engordaban a la bestia, en la moción de censura que encaramó al PSOE al poder se llegó al summun de ese proceso: fue a lomos de todo el nacionalismo pastoreado por Podemos como el PSOE ganó aquella moción de censura y gobierna hoy. Y ahora que el nacionalismo tiene más poder que nunca ¿se ve ya su capacidad destructiva? ahora que Cataluña ya no es vanguardia de España sino región en decadencia ¿se ve la evolución del tumor? lamentablemente creo que no.

Y para explicar por qué creo que no vuelvo al título de este post: populista, extremista, radical, comunista, trumpista, fascista... así se definen e insultan nuestros políticos pero nadie habla de nacionalismo, del nacionalismo del que ya sea en connivencia o por antagonismo se alimentan o alimentaron todos.

¿Qué sería Podemos sin sus confluencias nacionalistas? lo veremos pronto porque las ha ido perdiendo y las ha perdido porque el regionalismo no puede tener cabida en un partido nacional más que durante un rato y de modo instrumental como sucedió al calor del 15m; ¿qué sería del PSOE con un Podemos entre el cero y la nada y sin sus acuerdos con los partidos nacionalistas y regionalistas? lo mismo que es hoy el PP sin partidos nacionalistas a los que abrazarse porque incluso los nacionalistas conservadores se han ido a ser un trozo de Frankenstein... pero sucede con esto lo mismo que con Podemos, son acuerdos que funcionan en un momento determinado por una razón determinada, veremos cuando baje el sufflé (y está bajando).

La cuestión es ¿tenemos un partido nacional capaz de echarle lo que hay que echarle a la vida y a la política (recuerden esta columna de Girauta publicada en ABC: al que le tiemblen las piernas que no juegue) y plantarse en las próximas elecciones bajo un lema del estilo 'nacionalismo o libertad'? gustará o no, le funcionará o no, pero Ayuso en Madrid lo ha hecho porque en Madrid hablar de nacionalismo es hablar del sexo de los ángeles, aquí, salvo cuatro gatos, nadie es de Madrid ni deja de serlo, a lo que había que ponerle nombre es a la izquierda regresiva disfrazada de progresista y ella se ha atrevido a hacerlo, a nivel nacional el asunto es, a mi modo de ver, claro: o bien queremos que nos gobierne una mezcla de regionalismos y nacionalismos pastoreados por la izquierda (dado que es ahí donde han ido todos a confluir) o no, dicho de otro modo, nacionalismo o libertad... sé quienes representan al nacionalismo tanto abierta como solapadamente, lo que no tengo nada claro es si alguien defiende, de verdad, la libertad.

sábado, 30 de enero de 2021

Belleza robada. Sociedad destruida.

Si cuando hace ya un número incontable de años (incontable porque me niego a contarlo para no asustarme al ver como va quedando atrás más vida de la que queda por delante) me hubiera dado cuenta de lo que podría suponer la vanguardia más rompedora en la moda para preservar nuestro bienestar, no hubiera menospreciado tanto su importancia; cuando en los 90 estaba en la facultad y veía la pasarela de París iba tan de moderna como cualquier veinteañera y llamaba viejuno a quien no entendía que la moda es un arte y un espectáculo además de un negocio. Sigo pensando que la moda es arte y espectáculo, solo que ahora me doy cuenta de que el espectáculo también puede ser destructivo (ahí está Nerón con su lira mirando a Roma arder para quienes todavía lo duden) y, cuando es así, su primera víctima es siempre la belleza.


 
Silenciamos a Harold Bloom y vilipendiamos a Scruton por derechosos, fachas y conservadores pero ¿nos paramos a pensar en qué quieren conservar? yo, especialmente en el caso de Bloom, sí ¿por qué? porque lo que Bloom quiere conservar es el canon occidental, nuestro canon de belleza, el clásico y por amor de Dios bendito (o del diablo si vuestro descreimiento os lleva a la blasfemia) no me vengáis con la subjetividad de la belleza, me lo sé, y quien le ha hecho esto a Demi Moore también se lo sabe. No, la belleza no es subjetiva, lo es el gusto, pero no la belleza ¿quién discute la belleza del Moisés de Miguel Ángel? otra cosa es que no te guste porque no te va la escultura ni los señores con cuernos ¿y la Piedad? ¿discutirías la belleza de la Piedad de Miguel Angel? insisto, otra cosa es que no te guste, pero la armonía y perfección de esa escultura, su belleza, está fuera de toda duda y discusión.

Pero yo he venido a hablar de moda...

La moda es un negocio y tiene una función porque lo de andar por las calles como llegamos al mundo quedó descartado hace tiempo y no por pudor, por frío y por calor entre otras cosas más primarias e importantes; la moda es también un arte por la sencilla razón de que el diseño lo es tanto cuando se diseña moda como cuando diseña un jarrón o un anillo de Tiffany's; y la moda es un espectáculo porque eso son exactamente y no otra cosa las grandes pasarelas y, si no lo fueran, no interesarían tanto como interesan. Pero ¿por qué importa tanto la moda? ¿por qué le adjudico hoy más importancia que hace 25 años? (ups, acabo de contar el incontable número de años...) en primer lugar cabe que hace 25 años estuviera equivocada al no hacerlo y en segundo lugar... porque vivimos, hoy más que hace 25 años, en un mundo muy visual, rendido al mensaje corto y sencillo cuando no a la imagen y la moda es un espectáculo visual que se cuela hasta nuestro fondo de armario y deconstruye y reconstruye nuestro concepto de belleza.


Imagen de una colección de Alessando Michele para Gucci

La belleza, conceptualmente, es eterna y no tiene nada que ver con las tendencias, con si se llevan los vestidos con mangas de farol, la manga francesa, las faldas largas o los pantalones pirata, con si un hombre en sandalias es un tipo interesante, un señor que enseña los dedos de los pies o alguien que se salta el protocolo en el vestir, todo eso es susceptible de cambiar y de gustar o disgustar, no así la belleza, ella es eterna y sobre ella se ha levantado la civilización occidental, sobre la belleza como la entendían los griegos y los romanos que es como la entendía Miguel Ángel en el Renacimiento y Dior o Chanel en el S.XX y Maria Grazia Chiuri, tú y yo hoy

Esa idea de belleza eterna es la que algunos quieren destruir y no porque no les guste sino porque si quieres deconstruir una civilización necesitas destruir todo lo que en ella sirve de argamasa: la religión siempre ha unido mucho, tanto que nos hemos ido de Cruzadas para defender nuestra Fe pero hoy en día la iglesia ha perdido hasta la sombra de ese liderezgo social y, aun así, las sociedades occidentales se mantienen, no caen ¿por qué? ¿por el capitalismo? ¿por la economía de libre mercado? tengo para mi que eso viene después como venía después de la religión, tengo la convicción que lo que nos une es el canon de belleza occidental, nos une y sirve de base para levantar una sociedad de libres, iguales... y bellos. 

Imagen de una colección de Maria Grazia Chiuri para Dior

 Cuando Alessandro Michele presenta una colección que rompe por su base el canon de belleza clásico está, desde el punto de vista del negocio, haciendo una buena campaña de márketing, y desde el punto de vista del arte y el espectáculo, llamando la atención, destacando pero cuando esas propuestas salen del espectáculo (la pasarela) y se cuelan en nuestro fondo de armario comienzan a deconstruir nuestro canon de belleza y por eso algunas somos mucho más de Dior que de Gucci... no porque no admiremos a Alessandro Michele o porque no comprendamos la estrategia comercial de Gucci sino porque, a sabiendas o no, su deconstrucción de la belleza forma parte de un proceso de transformación que hace tiempo que dejó de ser natural, que dejó de ser la evolución de las sociedades libres para ser otra cosa ¿qué cosa? eso está por ver... pero dado que sea lo que sea no tiene pinta de ser una cosa libre y bella sino una cosa un tanto sectaria y fea yo me opongo.

Me opongo a que me roben la belleza y a que lo hagan además con dolor y daño; pensad en lo que mujeres bellas como Demi Moore, Meg Ryan o René Zellweger se han dejado hacer para que la edad no les robara su belleza... lo que le sucedió a sus rostros es una metáfora perfecta de lo que nos está sucediendo como sociedad: nos estamos dejando robar la belleza de un modo artificial por una promesa de belleza eterna que se demuestra una y otra vez falsa porque la belleza es eterna, queridos, pero nosotros no y nuestras sociedades libres tampoco...

domingo, 18 de octubre de 2020

Asesinato de un individuo y su libertad en nombre de un colectivo y sus derechos

Ocurrió en Francia hace pocos días, el individuo asesinado era un profesor al que se le ocurrió, en un país que tiene por lema LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD, defender la libertad de expresión; para explicar la esencia de la libertad de expresión utilizó un ejemplo que está muy vivo, aun tratándose de muerte, en el recuerdo de los franceses: el asesinato de parte de la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo ¿lo recuerdan? se lo resumo: hicieron unas caricaturas de Mahoma y merecieron por ello ya no la reprobación social sino la muerte sin juicio previo. Pues bien, este profesor francés que hablaba de libertad de expresión en su clase advirtió a sus alumnos musulmanes de lo que iba a mostrar y les dio la opción de salir del aula si así lo deseaban, dicho de otro modo, actuó como un francés libre y occidental en cuanto al ejercicio de su libertad respetando a la libertad de los demás ¿resultado? le rebanaron el cuello en plena calle. Ha muerto asesinado.

Si quieren saber más de este incidente y no conformarse con lo que acabo de contarles o con lo que los periodistas han tenido a bien (o a mal, según se mire) explicar al respecto, no duden en leer este hilo de periodista argentino afincado en París Alejo Schapire:

Este hecho, siendo trágico en muchos sentidos e impactante en cuanto al retroceso que supone en nuestras sociedades todavía libres, no resulta tan ignominioso como lo que sucedió a continuación, como la reacción de tantos: de repente resulta que la religión mata (¿puede alguien mostrar algún video, por ejemplo, del Papa llamando a dar muerte al infiel? yo no lo localizo...), busco el # hashtag del estilo todossomos... en recuerdo y muestra de respeto a este profesor asesinado y no lo localizo y recuerdo a las sociedades occidentales rodilla en tierra porque un policía ha matado a un hombre negro en Estados Unidos ¿no merece este profesor francés asesinado por hablar de libertad de expresión al menos el mismo respeto y homenaje que el hombre negro asesinado por ser negro? (nótese que asumo como cierto que fue asesinado por ser negro, algo más que cuestionable, y ni así la comparación se sostiene).

¿Qué está pasando para que estas incongruencias campen por nuestras sociedades ante el pasmo de alguno, el silencio de muchos y la ceguera de tantos otros? verán, decía Guerra allá por el año 85, cuando comenzó el proceso de politización de la justicia en España, que Mostesquieu había muerto, lo que no sabíamos entonces es que en realidad lo que empezaba a morir, y no solo en España, era la Ilustración entera porque en algún momento hemos pasado de entender que cuando decimos 'la unión hace la fuerza' hablamos de la unión de individuos que defienden un objetivo común, a entender que el colectivo resultante de esa unión es sujeto de derechos por encima de los individuos que lo conforman y su libertad.

Verán, ni la libertad es absoluta ni los derechos incontables, la libertad de cada individuo termina donde empieza la de los demás y los colectivos no tiene más derechos que cada uno de los individuos que los conforman porque los colectivos no son, no pueden ser, sujetos de nada, son individuos agrupados por intereses, religión, fe, nacionalidad, sexo... y si tuviésemos esto claro no se nos ocurriría pedir perdón por lo que hayan hecho o dejado de hacer nuestros antepasados (qué malos los españoles en América, oiga) o no tan antepasados (policías o políticos corruptos, por ejemplo) porque entenderíamos que no somos responsables más que de lo que hacemos o dejamos de hacer, no de lo que hacen otros.


¿Más incongruencias? ¡las hay a mares!
: ahora resulta que tenemos que pedir perdón por haber descubierto América y haber creado allí las colonias de un imperio en el que la esclavitud estaba prohibida mientras a nadie habla de las terribles costumbres aztecas o de la práctica exterminación de los indios en los territorios colonizados por británicos y holandeses; ahora resulta que es posible defender el feminismo más radical, el que cruza la línea de la igualdad y apuesta por la discriminación positiva, y también aceptar el Islam, que pone velo y burka a las mujeres sometiéndolas a la voluntadad de padres, hermanos y maridos sin que nadie se sorprenda, mucho menos se escandalice; ahora resulta que hay quien enaltece la figura de Clara Campoamor, quien defendía que la libertad se aprende ejerciéndola, hablando de aleccionar a las niñas acerca de si estudiar ciencias o humanidades; ahora resulta que en lugar de caminar hacia una educación ilustrada y libre dejando la religión, las creencias y la fe de cada cual en su ámbito privado, nos parece bien meter el Islam en las escuelas, ahora resulta que si un hombre mata a su mujer todos los hombres son asesinos y si un musulmán mata a un hombre libre todas las religiones matan (o algo habrá hecho el hombre libre... ¿les suena la excusa?); ahora resulta que si los menas delinquen en un barrio de Madrid no ve uno media noticia en televsisión pero si los vecinos que sufren esa delincuencia salen a protestar ¡salta la noticia! porque ellos son fascistas y acto seguido se monta enfrente una manifestación antifascista ¿ver el germen de un enfrentamiento civil? el verdadero problema no son los menas ni sus vecinos, el problema es usarlos para calentar la calle en lugar de buscar una solución al abandono de los unos y la indefensión de los otros, el problema es querer hacer de la mitad de la verdad, la verdad completa.

No ha muerto Montesquieu, ha muerto la verdad a manos de las medias verdades, ha muerto el individuo en brazos de lo colectivo, o estás en un colectivo o te meten en él por la fuerza y cuidado con eso porque si no aceptas ser, por ejemplo, feminista en los términos en que definen el feminismo Irene Montero o Carmen Calvo lo mismo acabas siendo machista y si no aceptas ser progresista en los términos en los que definen el progresismo* Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, lo mismo acabas siendo fascista ¿dónde queda entonces la libertad del individuo? ¿dónde sus derechos? ¿dónde el mundo libre en el que cada cual decide, en la medida de lo posible, hacer de su vida lo que se le antoje? así se explica el título de esta reflexión: el asesinato del profesor francés por el que nadie pone rodilla en tierra a manos de un musulmán radicalizado es una metáfora perfecta de la agresión constante que sufre actualente la libertad individual frente a los derechos que se reconocen a los colectivos.

Quienes son capaces de mimetizarse con un colectivo, el que sea, volverse grises o del color que se vista ese colectivo, y seguir las consignas del colectivo elegido sin cuestionárselas vive en un tiempo perfecto para él, eso sí, como colectivos los hay de todos los colores, cuidado, no sea que acaben a palos los grises con los rojos, otra vez.



El problema lo tienen, lo tenemos, quienes no tienen intención alguna de convertirse en borregos ni soldados, tampoco en activistas de cualquier causa, quienes se niegan a hacer profesión de fe ante el ecologismo, el feminismo o cualquiera que sea el ismo colectivizante del momento, lo tienen quienes defienden la libertad cuando hablan de aborto y eutanasia y también cuando hablan de gestación subrogada, quienes defienden la libertad de las mujeres para hacer de su vida un sayo tanto si eligen anteponer su maternidad a su desarrollo profesional como si no, tanto si deciden ser enfermeras o profesoras como si deciden ser astronautas o informáticas... ¿por qué sucede esto? porque quienes son libres y quieren ser libres no se colectivizan ni tan siquiera entre sí, son espíritus críticos, y libres (a veces acertados y a veces equivocados como individuos imperfectos que son) a los que la ola colectivista les está pasando por encima cuando no diluyéndolos en etiquetas que ni quieren ni les encajan pero que ayudan a los colectivizadores de género y de lo que no es género a hacerlos encajar en su esquema social, un esquema en el que importa más el colectivo que el individuo, en el que tú, como persona, importas cero.

Permítanme una última reflexión: ¿saben por qué algunos tenemos alergia a la idea de involucrarnos en cualquier colectivo por noble que sea la causa que defiende? porque cuando dejamos de hacer lo que decían los profesores, los curas o las monjas y nuestros padres y abrazamos nuestra libertad quedamos ya vacunados frente al colectivismo, porque vemos con nítida claridad que los colectivos tiende a alienar a los individuos cuando se erigen como algo más que la suma de sus voluntades, porque no hemos dejado de adorar y alabar a Dios para ponernos ahora a adorar y alabar a héroes de cartón piedra. Porque queremos ser libres.

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*progresismo: lectura recomendada: La Traición Progresista de Alejo Schapire: