sábado, 18 de enero de 2020

Pin, pan, pun fuego.

Hemos llegado al Pin y cuando queramos darnos cuenta estaremos en el pan pun, de ahí directos al fuego, ya imagino las piras en las que nos quemarán a las brujas (y brujos) del futuro, tal vez no sean como aquellas en las que ardieron las brujas de Salem sino que serán como son hoy las muertes civiles, por sororidad... pero aquí me tienen, dispuesta a morir hablando con los dedos en defensa de mi libertad y de la libertad de mi hijo porque toda esta historia del pin parental sí o no va sólo de eso, de libertad.

La propuesta murciana del Pin Parental me parece anecdótica y de mucho menor calado del que le quieren dar tanto sus promotores como sus detractores: la educación es un derecho de todos los niños y todos los niños tienen el derecho y el deber de recibirla, punto. Todo lo que salga del currículo escolar, es decir, que no forme parte de la educación obligatoria (derecho y deber de todos los niños), todo lo extracurricular y extraescolar es decisión de los padres o tutores de las criaturas que para eso son los responsables de que se conviertan en adultos decentes y no en amebas. Punto. Lo explica muy bien Juan Carlos Girauta aquí. Discrepar de ésto es discrepar del sentido común y de la propia legalidad que nos marca nuestra constitución.


Otra cosa es que a la izquierda reaccionaria (que desde la moción de censura es toda la izquierda combinada con el nacionalismo más rancio) y a la derecha más radical (que es VOX) le convenga y mucho este juego de ¡a que te pongo un pin! ¡a que te desbloqueo con un puk! ¡pin pan pun... fuego!.

Pero al final, si nos aislamos un poco del ruido de las tracas y los petardos, lo que queda es un ataque más a la libertad porque seguimos sin entender que la libertad no es un derecho ilimitado sino que la libertad de cada uno de nosotros termina donde empieza la de los demás, dicho de otro modo, si en el ejercicio de mi libertad considero que lo mejor para mi hijo es que reciba una educación religiosa, por mucho que a la izquierda reaccionaria le salte un muelle, estoy en mi derecho de proporcionársela y del mismo modo si considero que lo mejor para él es recibir una educación laica, aunque sea a la derecha más conservadora a la que se le cruce entonces un cable. Y eso debería alegrarnos a todos, pensemos lo que pensemos, sean cuales sean nuestras ideas, porque deberíamos entender que todos tenemos derecho a disfrutar de nuestra libertad y eso pasa siempre por respetar la libertad de los demás.


Y por eso nunca jamás he votado ni votaré a partidos que alientan los movimientos colectivos sobre la libertad individual porque cuando tratas de colectivizar a la gente después resulta muy fácil pasar a la segregación y no, no crean que exagero, hoy he visto en prensa un artículo hablando de la ideología según la profesión ¿cuáles son los profesionales más conservadores? ¿cuáles los más progresistas? y he sentido un profundo asco porque ese modo de colectivizar, señalar y segregar es propio de regímenes autoritarios no de una democracia liberal como es todavía la nuestra y porque recuerdo que cuando era universitaria lo que defendía era precisamente lo contrario de este modo colectivista de ver el mundo, defendía que no valían las etiquetas, que cada persona tenía que demostrar lo es, lo que aporta, lo que vale y que sólo se puede juzgar a la gente (suponiendo que se la pueda juzgar...) por eso y no por la etiqueta de turno.

Ahora parece que las cosas han cambiado y lo que mola es colectivizarse y ponerse una etiqueta, si eliges la de progresista molas, si elijes la de conservador no molas, si te pones la de liberal eres un demagogo (en el mejor de los casos) y si te niegas a etiquetarte no te preocupes que ya te etiquetarán otros porque se ve que ahora somos borregos y tenemos que ir marcados por la vida... ¿De verdad en eso se va a transformar tanta lucha por la igualdad? ¿en ser todos iguales? ¿tan iguales como lo son entre sí los coreanos del norte si no quieren ser purgados? ¿de verdad vamos a hacer un potaje entre la igualdad y la aniquilación de la individualidad sólo porque no entendemos que nuestra libertad termina donde empieza la de los demás?


Oigan que no, que ni me etiqueto ni consiento que me etiqueten, que estoy en contra de cualquier adoctrinamiento en la escuela, que a la escuela se va aprender, no a que le lleguen a uno la cabeza de las doctrinas reinantes y que no es decisión de los padres cuál es o deja de ser el currículo escolar así que no, no estoy deacuerdo con el pin parental... pero tampoco con que haya que pensar en su utilidad porque la escuela no es lo que debería ser.

Y es que el sistema educativo español es todo él una fake new de la que no voy a hablar hoy porque ya lo he hecho largo y tendido aquí.

Estamos en el pin, señores, ¿nos lo pensamos antes de terminar la frase (pin, pan, pun fuego) o seguimos adelante? 

Sólo un apunte más: cuando oigan o lean a alguien decir que los otros odian a los suyos, piensen siempre que ese, el que lo dice, es el primer odiador. Y ni odiadores ni alentadores de odios merecen un voto. Nunca, jamás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario