viernes, 25 de agosto de 2017

Manipulación linguística (y educativa, informativa, política, social...)

A veces, cuando leo noticias o escucho comentarios acerca de ellas, recuerdo cosas... No. Ni veo muertos ni soy el niño del Sexto Sentido, sólo recuerdo cosas y eso, en alguien que tiene una incapacidad no sé si congénita o aprendida, para recordar, es decir mucho.

En estos días he recordado dos anécdotas, una sucedió hace algo más de 20 años y la otra es anterior. Por aquello de respetar el orden cronológico de las cosas, comenzaré por la anterior.

La Torre de Babel. Foto: Wikipedia

Sucedió en el colegio, mi colegio desde los 4 hasta los 16 años; religioso, de monjas, educación disgregada, sólo niñas hasta el año en el que yo comenzaba primero de BUP, lo que es hoy tercero de la ESO (si no recuerdo mal).

A ese colegio femenino y religioso, lleno de profesoras, unas monjas y otras no, hoy un colegio, dicen ellos, trilingüe, llegó, comenzado ya el curso, una niña extranjera. Lamento no recordar muchos detalles, de esto hace tantos años que apenas lo recuerdo, no sería capaz de precisar ni tan siquiera en qué curso estaba pero no habían llegado todavía los niños al colegio así que, calculad, contaba yo menos de 14 años.

La cuestión es que aquella niña llegó con el curso empezado y fue inscrita en el colegio porque, al tratarse de un centro concertado, al parecer no podían negarle la plaza aunque se trataba de una niña no católica (no recuerdo qué religión profesaba, de profesar alguna); lo que sí recuerdo eran las críticas y comentarios ácidos de las profesoras hacia los padres que no podían acudir a las reuniones cuando éstas se organizaban en horario que era, para quienes trabajaban, laboral; decían que si no podían seguir las normas pautadas por el colegio tal vez deberían llevar a sus hijos a otro centro, dicho de otro modo, incomodaban los hijos de la clase trabajadora, no los de las élites locales y esta niña extranjera era algo así como élite local, recuerdo vagamente que su padre era un ingeniero que llegaba para llevar a cabo un proyecto de un tiempo corto y que luego se iría, o algo así...)

Algo así debió ser porque la niña sólo estuvo en el colegio los meses que faltaban para terminar el curso y no creo que fueran meses de recuerdos felices. ¿La razón? no el asunto religioso, en absoluto, se respetaba totalmente su no-catolicismo, no se le pedía que participara en misas ni rezos algunos ni mucho menos en clase de religión, es más, en carnaval acudió al centro vestida de hawaiana (en febrero y en Galicia...) y nadie tuvo nada que objetar (me ahorro compartir aquí los comentarios que se podían escuchar en cambio si la falda del uniforme de cualquier otra niña era un centímetro más corta de lo debido...).

La razón del sufrimiento de aquella niña fue lingüística. No recuerdo cual era su lengua materna, sí recuerdo que hablaba un castellano fluido pero no era su primera lengua. También recuerdo que no se quejó jamás de las clases que se impartían en gallego, decía entender, más o menos... Hasta que llegó la clase de matemáticas que, cosas de la inmersión lingüística, era en gallego. Impartida por una monja de ideología nacionalista. Monja, insisto.

Aquella niña jamás recibió una explicación de aquella profesora (y monja) en castellano, nunca, y le costaba una vida seguir la clase; cierto es que le costaban las matemáticas y que se las explicaran en una lengua que no entendía del todo bien no ayudaba. Como tampoco la ayudó la profesora en cuestión. 

Recuerdo muy bien el nombre de aquella profesora (y monja) pero me lo ahorro porque ya entonces tenía edad para estar jubilada así que mucho me temo que a estas alturas ya habrá rendido cuentas ante Dios de sus pecados. Tampoco digo el nombre del colegio. Ésto sucedió hace más de 30 años.

Adoctrinamiento en la escuela. Foto: vidajustaparatodos



La segunda anécdota es más reciente, tanto que esa sí la recuerdo aunque por entonces no tenía yo canas en las cejas (qué queréis que os diga, a cada uno le salen los pelos blancos donde les da la gana) ni arrugas en el borde de los ojos. Fue en mi época universitaria. Estudiaba Filología Inglesa.

Y si estudias Filología Inglesa después de haber salido de un sistema educativo en el que se estudiaba inglés como en EGB, en BUP y en COU, tienes una obsesión casi enfermiza por lo gramatical y lo lingüístico, que es lo que has estudiado siempre, mucha norma y mucha regla, poca lengua y menos comunicación. Y, como en esas estaba, allá que iba yo a una clase particular en una academia para no fallar ni una preposición ni un phrasal verb en mis exámenes de lengua inglesa de segundo o tercero de carrera, no recuerdo bien el año.

Y allí estaba Helena, la profesora, tan española como yo pero hablando inglés como si fuera castellano y allí estaba su marido Paul, irlandés. Fue Helena la que protagonizó la anécdota que ahora recuerdo. Allí estábamos unos cuantos, todos al borde de un ataque de nervios porque se acercaba el examen y ¡oh Dios! ¡esas preposiciones! ¡esos pharasal verbs! esa complejidad lingüística británica... ein?

Recuerdo que Helena gritó, que demostró haber agotado toda su paciencia con nosotros y nos preguntó 'si Paul me dice que va en la Calle Real en lugar de decirme que va a la Calle Real, ¿le entiendo o no? ¿sé donde está?' la respuesta fue unánime, claro que lo sabes, está en la Calle Real. No recuerdo las palabras textuales que siguieron a continuación pero sí todo su sentido, Helena nos dijo que no olvidáramos nunca que el primer objetivo de una lengua viva y el más importante es siempre y en todo caso la comunicación, lo primero, lo esencial, lo más importante es manejar una lengua para que nos permita comunicarnos, comprender a quien nos habla y expresarnos; ya vendrá después la corrección lingüística pero nunca antes de la comunicación.

Recuerdo esas dos anécdotas porque después de vivir hasta los 26 años en Galicia (y cumplir allí toda mi época de estudios salvo algún master y algún curso de postgrado que vino después) y después de vivir el tiempo que va de esos 26 a los 43 que he cumplido este año en Madrid, si algo tengo claro es que no sólo en el sistema educativo olvidamos que una lengua es una herramienta de comunicación, también a nivel social y, sobre todo, a nivel político. 

Hace muchos años, más de 30, que en este país las lenguas no se usan como herramientas de comunicación sino como barreras a levantar frente a otros y no sé si no lo vemos o no lo queremos ver... más bien creo que no lo queremos ver.

Recordaba aquí cómo es muy común encontrarte con holandeses que, además de holandés, hablan inglés, francés y/o alemán y quiero recordar de nuevo al periodista holandés que plantó al Jefe de los Mossos después de estar una hora escuchándole hablar en catalán. Decía el Jefe de los Mossos que respondía en el idioma en el que se le preguntaba, lo que no decía era algo de lo que el periodista holandés no tardó en darse cuenta, sólo se había concedido, hasta aquel momento en que se le terminó la paciencia al periodista holandés, turno de preguntas a los periodistas que hablaban catalán.

Más allá de las ideas de cada uno, de si se está a favor del referendum independentista o no, de si se está a favor de la independencia o no, de si es nacionalista o no, de si es de derechas, de centro, de izquierdas o de medias tintas, de si se es monárquico, republicano, anarquista o lo que a cada uno se le ponga en las ganas... Más allá de todo eso, hace más de 30 años que en este país se usa la lengua no como herramienta de comunicación sino como barrera y, a lo peor, como arma de manipulación masiva.

Y, en mi opinión, eso no es triste, que también, es repugnante. Y sí, eso mismo, usar la lengua como arma de manipulación, lo hizo el fascismo. Mi abuela recordaba como le daban palos en la boca si se le escapaba una palabra en gallego y en mi colegio permitían que una niña se perdiera en las explicaciones de matemáticas por no intercalar alguna explicación en castellano aunque sólo fuera por caridad cristiana. Por no hablar de como en la universidad no sólo se impartían asignaturas en gallego -recordad que mis estudios eran de filología inglesa...- sino que lo hacían profesores nacionalistas (e independentistas) que hablaban un gallego no normativo (la llamada corriente lusista), lo cual era ya de aurora boreal... algo de ello os lo contaba aquí.)

Hay más personas en el mundo que tienen el castellano como lengua materna que personas que hablan inglés como lengua materna, en cambio el inglés tiene más hablantes que el español; hay muchas razones para ésto, algunas de ellas económicas e históricas pero, intuyo, que el poco respeto que demostramos en España -cuna del castellano- por nuestra lengua tiene algo que ver en ello también. Los holandeses son capaces de respetar su lengua, el holandés, y cuatro o cinco más aprendiéndolas ¡y usándolas! todas, nosotros no somos capaces de respetar el gallego (o el catalán o el euskera) sin pegarle una patada al castellano. 

Me gustaría cerrar esta reflexión con la pregunta que se hacía el periodista holandés ¿por qué no hablar un idioma que todos comprenden? porque la lengua se usa con fines políticos, no de comunicación, porque respondiendo en catalán se está diciendo 'está usted en Cataluña, no en España', esa es la única razón, ergo, olvidamos (y lo hacemos con toda intención) que el objetivo de una lengua viva es la comunicación y en lugar de usarla con ese fin levantamos barreras con ella, eso no es cuidar nuestra lengua y nuestra cultura (sea catalana, gallega, castellana o de Katmandú), eso es convertir la cultura en un arma que se usa en una guerra que se dice pacífica... cuando empieza, el final es, las más de las veces, trágico.

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