martes, 22 de diciembre de 2015

El machismo, la igualdad y la violencia de género.


Al ver la que se ha liado en días atrás con la violencia de género, he recordado los tiempos en los que yo tenía un blog… que no es que ahora no lo tenga, que lo tengo, pero me expreso en él de Pascuas a Ramos porque he tomado la decisión, no sé si sabia o no, de guardarme mis opiniones para mi y compartirlas sólo con mi círculo más cercano.
Claro que cada uno tiene sus líneas rojas en la vida y hay cosas que te hacen saltar aunque no quieras; no he querido saltar con este tema, y no he saltado, pero pasados los primeros momentos de revuelo, he recordado que hace tiempo, tanto como 5 años, cuando mi hijo no contaba más que dos, escribí mis opiniones sobre la ley de violencia de género, aquí están: 'Igualdad y violencia 'de género''.
Y leyéndome de nuevo me doy cuenta, que si bien ahora me expresaría en otros términos y haría más hincapié, mucho más, en la obligación ética, moral y humana de toda sociedad de defender a sus colectivos más débiles, mi opinión no sólo no ha cambiado sino que se ha reafirmado.
Creo firmemente que la ley de violencia de género, amén de cambiar de nombre, debe proteger a las mujeres como objetivo mayoritario del maltrato en el ámbito familiar, sí, pero también a los niños porque ellos no tienen ninguna capacidad de defenderse por sí mismos, no creo que ninguna mujer maltratada pueda dar por buena una ley que intenta protegerla a ella y deja a sus hijos en manos de quien la maltrata por muy padre que sea porque, honestamente, alguien que maltrata a un ser humano ¿puede ocuparse del cuidado y educación un niño? Mi respuesta es no.
Lo que me pregunto es cómo vamos a explicar después a un niño maltratado por una mujer que su caso no recibirá el mismo cuidado y protección que el de un niño maltratado por un hombre. No importa si son muchos más los maltratados por hombres que por mujeres ¿qué derecho tenemos a obviarlos?.
Veréis… quiero compartir una anécdota personal, permitidme que no profundice mucho en ella porque se refiere a mi hijo que tiene 7 años y para mi su intimidad es sagrada: el caso es que en el colegio, hace ya más de un año, se dieron unas charlas de igualdad. Mi hijo me afirmó y preguntó entonces que ‘aunque a veces juguemos a cosas distintas en realidad somos iguales, verdad mamá?’
Mi respuesta fue clara y sencilla: sí, cariño, somos iguales, porque a lo que nos referimos al decir que somos iguales no es a que nos gusten las mismas cosas ni a que tengamos que hacer las mismas cosas, da igual si eres chico o chica, a todos nos gustan cosas diferentes; lo que significa ser iguales es, en tu caso, que tanto las niñas como los niños vais al cole, aprendéis, jugáis juntos, podéis ser lo que queráis de mayores…’
La respuesta de mi hijo fue mirarme como si estuviese viendo un perro verde y decirme: -‘pues claro, mamá’.
Esa era la cuestión, para él la charla no tenía sentido porque en su cabeza no cabía el hecho de que los chicos y las chicas no fuesen iguales en cuanto a lo que pueden o no hacer…. Y eso con 6 años, y eso él y, estoy segura, todos sus compañeros porque todos son niños que tienen padres y madres que trabajan y/o están en paro, que se ocupan de sus deberes, de sus cenas y de sus ropas, de sus juegos, de sus dudas…
Sí, sí creo en una ley que proteja a quienes son objeto de violencia en el que debe ser su hogar y su refugio, su casa; sí, sí creo que tiene que existir una ley que aleje a los maltratadores de ese entorno en el que hacen tanto daño y sí, sí creo que la ley debe ser igual de implacable sea quien sea quien cometa tan abyectos delitos.
¿Qué lo que subyace al maltrato es el machismo? ¡eduquemos entonces para desterrar el machismo no para cambiarlo por la discriminación en contrario! No quiero vivir en un país en el que mi hijo tenga que pedir, dentro de 50 años, lo que pedíamos las mujeres hace 50 años, que fuesen anuladas las leyes que nos discriminaban.
Si queremos una sociedad igualitaria no podemos construirla con nuevas discriminaciones que compensen a las viejas, borremos las viejas a golpe de educación y predicando con el ejemplo, no creando nuevas desigualdades. Y, sobre todo, pensemos en la sociedad que queremos dejar a nuestros hijos.
Yo, desde el respeto a todas las opciones y opiniones, tengo claras un par de cosas de la sociedad que quiero dejar a mi hijo: una en la que se premie el talento y el esfuerzo sobre la mediocridad y en la que nadie sea discriminado por razones de sexo, raza o canon de belleza de turno –por poner tres ejemplos que me parecen indiscutibles-. Quiero que cuando le digo a mi hijo: ‘de mayor serás lo que quieras ser, sólo has de trabajar día a día para conseguirlo, esforzándote y sin rendirte porque en algunos momentos las cosas no te salgan como tenías planeado, siendo honesto, pidiendo ayuda cuando la necesites y ayudando a quien lo necesita’, sea cierto y no quiero tener que explicarle nunca que hay una ley que lo prejuzga culpable de forma preventiva porque mi generación no supo plantarle cara al machismo de forma justa.
Permitidme además que, como mujer, me arrogue la oportunidad que tenemos las mujeres de continuar lo que otras mujeres, que lo tenían muchísimo más difícil que nosotras, comenzaron; nosotras, en memoria de ellas y gracias a ellas, tenemos que hacer que la sociedad siga avanzando, ¡echemos el resto! Y hagámoslo con altura de miras y un intenso sentido de la justicia, demostremos, una vez más, nuestra grandeza, esa que la historia, escrita en clave y versión masculina, ha acallado durante tantos siglos.
Y esto es sólo mi opinión, cabe que la compartáis en parte, en su totalidad o que no la compartáis en absoluto. Compartamos al menos una cosa: el respeto a la opinión de todos los que, con una u otra ley, queremos proteger a quienes sufren cualquier tipo de maltrato y, para argumentar nuestras posturas acerca de un tema tan delicado, hagámoslo siempre desde esa base de acuerdo ahorrándonos los discursos demagógicos.
Por mi parte no voy a entrar más argumentaciones, esta es, a día de hoy, mi opinión, que os puedo asegurar que es pensada, meditada y argumentada después de leeros y escucharos a muchos en este sentido y en otros. 

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