viernes, 6 de enero de 2012

Noche de Reyes

Lo creían dormido ... pero él, arrebujado bajo el edredón, mantenía los ojos abiertos aún sin ver y se contaba historias y cuentos para no dormir; no iba a dormirse, esa noche no ... no era posible que fuesen a pasar los Reyes Magos por su casa, con sus camellos y pajes, mientras él dormía, no pensaba perderse tan ilustre visita, tamaño acontecimiento ...

Oyó entonces un ruido, un pequeño golpe ... y se levantó sigiloso, viendo sin querer ser visto; le impresionó la estampa, tanto que no se atrevió a acercarse ni mucho menos a hablar ... Allí estaban, no eran tres sino dos y no veía paje alguno ... debían haberse marchado ya con los camellos pues el cuenco del agua estaba vacío y no había galletas en el plato ¡ni una! y mira que se había ocupado él de dejarlo bien repleto ... 


 Imagen: http://comprarok.com

Se escondió tras la puerta, asomando sólo medio ojo para ver ... eran Melchor y Gaspar, no le cabía duda alguna, la túnica de Gaspar era de color azul, se había fijado bien en la Cabalgata, tenía además un bordado en la espalda, la de Melchor era granate y sin decoración alguna; colocaron varios paquetes hablando tan bajito que él, desde su escondite, apenas podía oirles; en cuanto vio que se movían con intención de marcharse, ocultó el medio ojo que asomaba tras la puerta y aguantó la respiración ... eran tan grandes y elegantes y el tan pequeño y en pijama ... 

Temblaba, sentía sus manos inquietas y notó cierta humedad en sus mejillas ... no podía creer que se le hubiesen escapado lágrimas, su consuelo era que al menos los Magos no lo habían visto. No se atrevió a acercarse al árbol aún sabiéndolo rodeado de regalos, y volvió a esconderse bajo su edredón, esta vez sí, con intención de dormirse hasta el día siguiente. Tardó en conciliar el sueño, tanto que pensó que nunca se había dormido.

Al día siguiente, tras correr con sus hermanos junto al árbol y lanzarse cada cual a sus regalos, se sentaron a desayunar el tradicional roscón con chocolate y, ante la atónita mirada de su madre abrigada por su bata azul y su padre que, tras una ducha rápida, había dejado su batín granate en el galán, él contaba a sus dos hermanos pequeños como aquella noche había visto a Melchor y Gaspar junto al árbol, dejando sus regalos.

Y Melchor y Gaspar supieron que, algún día, cuando él dejara de ser el niño que era para convertirse en el adulto que será, le contaría a sus pequeños que él, un día, vio a los Reyes Magos, porque los vio y no importaba el cariz que tomase la historia en el futuro, en su emoción, con sus ojitos ilusionados, su fe y su miedo, él los vio.

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Nada hay más grande que la imaginación de un niño movida por el deseo y la ilusión; nada más grande que su inocencia y su fe, su miedo, su querer y quererte, su emoción. Nada hay más grande que ser, al menos una vez al año, el niño que fuiste.

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