sábado, 21 de mayo de 2011

Un lugar en el mundo: La Fontana de Trevi

Hay lugares y lugares ... y lugares que, por cómo llegas, por cuándo llegas, quedan para siempre en tus recuerdos envueltos en un halo de magia al que a veces vuelves para empaparte de nuevo de su aroma ...

Llegamos a Roma y nos echamos a la calle ... porque con esa idea iba, caminar, vivir, sentir Roma ... Hay muchos lugares, muchas imágenes de Roma que no olvidaré jamás, que cuando vuelva a verlas, porque volveré, no serás las mismas ... ellas seguirán impertérritas como llevan ya tantos siglos, pero mis ojos no las mirarán igual ... el coliseo por la noche, grandioso permitiendo que la oscuridad oculte sus aspectos más derruidos y mostrando, con una iluminación inteligente, su mejor lado, su mejor cara ... El Moisés de Miguel Ángel al que miras y no puedes evitar imaginar a su autor agrediendo su rodilla para hacerle hablar ... y cuando miras el rostro de esa escultura no te extraña, tú mismo esperas que se levante y te salude... La Piedad también del gran Miguel Ángel, que se ve tan pequeña en la inmensidad de la Basílica de San Pedro, pero que cuando te acercas y la miras parece que fuera a levantar la mirada del rostro de su hijo para pedirte a ti explicaciones ... La Capilla Sixtina, el Foro, el Partenón, la Plaza de España o la de Venecia ... Y están también los pequeños momentos, esos en los que te limitas a caminar mirando a la gente, a sus motos, a sus prisas ... pareciera que de cualquier esquina podría salir Audrey paseando Roma como la paseas tú ... porque Roma tiene ese encanto, conserva la esencia de su historia no sólo en lo artístico, también en el aire, en su aroma. Podría seguir horas y horas contándoos momentos y lugares romanos ... pero me quedaré en el primero ... porque no fue casualidad que fuera el primero, porque la Fontana de Trevi siempre me había atraído, de siempre, al verla, había pensado "algún día estaré ahí" ... Y por eso nada más soltar las maletas en el hotel mis pies me llevaron hacia ella, siguiendo las indicaciones del inseparable mapa, en papel, de cada viaje...

Caminas por calles estrechas, de ciudad vieja, de casco histórico, de encanto y magia ... en las últimas luces de un luminoso atardecer de invierno ... y respiras mucho más que historia, respiras esencia de la historia y la cultura, viajas a tu propia raíz ... y al rato te das cuenta de que algo va cambiando ... no sólo es la luz, ni son los aromas ... es el sonido; poco a poco, según tus pasos te acercan a la Fontana, comienzas a oír el inconfundible sonido de la caída del agua ... las emociones, además de desperezarse se inquietan, se alteran ... y su inquietud va en aumento como el volumen del sonido del agua al acercarte a la Fontana ... pero no ves nada, ya ha caído la noche ... y entonces ves una luminosidad mayor al final de una calle cuyo nombre no recuerdo ... pero sólo ves luz, una sombra de luz ... nada más. Aceleras el paso, te acercas queriendo ver y mirar pero no ves nada, no hay nada que mirar, sólo oyes el sonido de la caída del agua ... y entonces das un paso más, sólo uno ... y la Fontana de Trevi se materializa ante ti ...




Y en ese momento te das cuenta de que no hay foto, lámina, vídeo, análisis ni profesor de arte que valgan ... no vale nada ... el arte hay que vivirlo, dejar que te envuelva con su magia ... Allí, frente a la Fontana, te fijas en cómo nace de la piedra, de cómo parece querer escapar del edificio que la acompaña, te das cuenta de cuan pequeña es la plaza que la acoge y de cuan grande e inmensa es ella ...

Y llega el momento de ir a cenar ... y allí seguía ... sentada frente a la Fontana escuchando la caída del agua, observando cada piedra y congratulándome de las expresiones de asombro y admiración que se dibujaban en los rostros de las gentes que se acercaban a echar su moneda al agua ... Sí, también yo eché la mía, no se muy bien por qué, ni para qué ... me pareció que la Fontana, en su hablar a través de la caída del agua, me la pedía ...

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