domingo, 6 de marzo de 2011

A las puertas del cielo ...

La invadía una intensa sensación de mareo, sentía la caricia envolvente de la brisa en su piel y su cuerpo liviano, más ligero aún que al sumergirse en el mar, se sentía bien, profunda y extrañamente bien; el dolor, la angustia, el miedo ... todo se había apagado como se apaga el fuego bajo la lluvia ...

Lenta y suavemente la sensación de mareo remitía pero no así la liviandad de su cuerpo, se movía sin ser ella, como si viviese ajena a su envoltorio ... sentía como si algo o alguien leyese su mente y la moviera según su pensamiento, sabía que no era posible ... pero se sentía volar.

No lograba abrir los ojos ... y se dejaba llevar por otros sentidos. Acarició algo suave, casi incorpóreo, lo que quiera que fuese huía entre sus dedos al intentar abrazarlo; el olor ... no había olor, ni siquiera sentía el fluir del aire en su nariz, tampoco oía nada, jamás había oído tan poco, nunca antes había tenido la sensación de escuchar el silencio, de oír nada ...

No sentía el suelo bajo sus pies, la gravedad no existía para ella, se sentía flotar, volar ... feliz libre de toda carga ...



Comenzó a reír, de forma compulsiva, continua ... no sabía lo que le ocurría pero reía y la alegría de la risa permeaba hasta su alma; empezó entonces a entreabrir los ojos y, ni aún cuando logró abrirlos del todo, vio gran cosa ... sólo una inmensidad azul de una luminosidad deslumbrante y un suelo irregular, suave, mullido ... a ratos blanco, otros grisáceo y a lo lejos rojizo, anaranjado ... Esos tonos llamaron poderosamente su atención, el rojo era su color, de siempre ...

Caminaba sobre el suelo que, si bien de tan incorpóreo se escurría entre los dedos al intentar robarle un trozo, la sostenía ... del caminar pasó al correr, saltar ... y casi volar ... revolcándose entre risas en aquel bendito suelo.

Y llegó a la zona rojiza, se sorprendió porque hubiera pensado que el suelo sería allí más cálido pero no era así, la temperatura seguía igual, perfecta ...

Fue entonces cuando se dio cuenta de que a pesar de los brincos y carreras no estaba cansada, no respiraba aceleradamente, no notaba el pulso de su corazón ni el penetrar del aire en su nariz y su boca ... la risa se diluía ... miró a su alrededor, ahora sí, mirando y no sólo viendo ... y recordó las puestas de sol que tantas veces había disfrutado en la playa, se arrodilló y acarició de nuevo aquel suelo incorpóreo que la sostenía, miró sus manos y las vio vacías, miró a su alrededor y se vio sola ... Estaba sola y percatarse de ello le provocó tanto dolor como alivio ... porque ahora recordaba ...

Sentada sobre el suelo de nubes sintió el fluir de las lágrimas ... y poco o mucho tiempo después, no sabría decirlo, oyó un golpe que parecía no ir a callar nunca ... fue lo único que pudo oír, algo así como un inmenso portazo y, según se apagaba su sonido,  un campanilleo que se alejaba, repiqueteo de llaves ...

Comenzó a llover... todo eran prisas, se intentaba mantener la calma, actuar con orden, cumplir los protocolos ... pero los segundos contaban y ellos lo sabían ... él también lo sabía ... pero no podía dejar de mirar a la pequeña sentada en el suelo, abrazada a sus piernas no apartaba la vista del cielo; intentaban protegerla de la lluvia pero se negaba, estaba absorta en su observación del cielo, a ratos cerraba los ojos y sólo decía que el agua de lluvia sabía a sal, como el agua del mar, como las lágrimas ...

Hagamos lo que haya que hacer ¡hostias! - gritó él a su equipo que atendía sin descanso el cuerpo de una mujer tumbado en el suelo... - pero recuperémosla.

Él no recuerda cuánto tiempo pasó, lo cual es extraño porque tuvo que hacer un informe del incidente en el que detallaba la intervención de su equipo minuto a minuto ... pero aquel día algo fue diferente, ni tan siquiera pasado el tiempo podía entenderlo pero sabía, tenía la certeza, de que aquel día algo fue diferente.

Lo que sí recordaba hasta el punto de poder visualizar cada fotograma de aquel momento, era a la pequeña sentada en el suelo, con su pelo empapado, su rostro cubierto de agua y lágrimas, con una gran sonrisa mirando cómo la camilla que trasladaba a su madre era introducida en la ambulancia. Y recordaba también cómo dos semanas después salían ambas del hospital cogidas de la mano, sonriendo felices... 

Era un milagro que estuviese viva, pensó - tú gritaste y las puertas del cielo se cerraron...soy tu milagro - oyó ... pero estaba solo, las veía alejarse, nadie hablaba ... entonces la pequeña se giró, le sonrió ... y lo saludó con la mano a modo de despedida ...

Este post, como cualquier otro, debería incluir alguna foto y/o video que refuerce su mensaje ... pero esta vez no va a ser así, esta vez sólo dejaré el texto ... y si quieres ver las imágenes de las que parte una historia como ésta (cosa que, por cierto, te recomiendo), debes saber que son las imágenes de los cielos que recorrió ella antes de que sus puertas se cerraran y están aquí: The Evening Pict No dejes de ver la serie del 22 de mayo de 2010

2 comentarios:

  1. Hola Berta,
    que historia más emotiva,al principio se te pone un nudo en el estómago y al final terminas con una sonrisa.
    gracias por compartir esta historia
    @Bego48
    Begoña Ramírez

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  2. Muchas gracias Bego, ese es el sentido último de este texto, la emoción pura.
    Un abrazo
    Berta

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