domingo, 20 de febrero de 2011

Un nuevo modelo social: conciliación

Esta tarde, durante la deliciosa sobremesa de domingo con un ojo en el tradicional periódico en papel y otro en twitter, me encuentro esta noticia: "El 85% de las españolas que trabajan renuncian a tener otro hijo por la rigidez de sus jornadas"

El titular aporta un dato, pero hay más: El 49% de las mujeres españolas que trabajan no tienen hijos, un 27% tiene un sólo hijo, un 20%, dos y sólo un 4% tiene tres o más.

E imagino que habrá todavía más datos ... que podremos leer en el en el libro Mujer e Igualdad de Trato. Análisis de la maternidad en la Unión Europea que se presenta el lunes 21 de febrero en Madrid y del que se extraen los antes citados.

No se si estos datos han sorprendido a muchos, impactantes son porque no es lo mismo intuir, comentar, ver, imaginar, ... que leer así clara y duramente expuesta la realidad en cifras. Los amantes de lo medible ya tienen ahí sus datos, ajenos a la parte emocional de la maternidad y paternidad, datos, cifras.

Es curioso ver como otros países favorecen y facilitan la maternidad en términos económicos, se considera la maternidad necesaria en términos económicos: traducido al vulgar castellano: igual que quienes estamos trabajando hoy pagamos la pensión de nuestros padres y abuelos, quienes trabajarán mañana, nuestros hijos, pagarán las nuestras. Pero ese ejercicio en España no se hace, en España llegamos como siempre tarde y mal y la solución que se nos ocurre es alargar la vida laboral, así se pagan menos años de pensión y, con suerte, algunos se mueren antes.

La realidad que subyace a todo esto no es si hay que trabajar más o menos años, si las bajas maternales tienen que ser de 16 semanas o de 18, si las jornadas laborales tienen que ser continuas o continuadas, si... La realidad es que el modelo social ha cambiado y a nivel empresarial no sabemos como digerir el cambio:

El modelo del que partimos es aquel en el que la mujer es ama de casa y el hombre amo del mundo: él tiene desarrollo y crecimiento profesional y vida social mientras ella cambia pañales y sufre el síndrome del nido vacío. Luego llegó la incorporación de la mujer a la vida laboral ... y empezó la fiesta: fue entonces cuando empezamos a darnos cuenta de la valía de la figura del ama de casa, la madre ... pero la cosa no iba mal: por una parte en casa entraban dos sueldos en lugar de uno, la calidad de vida sube y se puede uno permitir pagar por aquello que no puede hacer personalmente y además estaban las abuelas; ellas formaban parte del modelo anterior y para muchas vivir esa segunda maternidad con los nietos fue como vivir de nuevo. 

Pero ya hemos pasado ese punto: ahora necesitamos dos sueldos para vivir, no podemos permitirnos pagar alegremente por aquello que no podemos hacer y los abuelos ... algunos son demasiado mayores (el retraso en la edad de maternidad conlleva también un retraso en la edad de ser abuelos), otros están demasiado cansados o pachuchos y otros han trabajado toda su vida y ahora quieren irse a Benidorm. 

Primero era el hombre quien se iba al trabajo olvidando lo que dejaba en casa, porque la casa, la familia, estaba en manos de la mujer; luego fueron el hombre y la mujer quienes lo hacían porque estaba la chica que limpia y la abuela con los pequeños; y ahora sencillamente ni podemos ni queremos. Somos padres y esa es una responsabilidad ineludible.


Y todo esto no debería ser una desventaja para nadie, hoy en día la tecnología nos permite infinidad de cosas impensables hace unos años y nos pone en bandeja la flexibilidad laboral ¿qué importa cuándo o dónde hago mi trabajo si el resultado es el que debe ser o incluso mejor? obviamente ésta no es una máxima aplicable a todo, no todas las posiciones pueden flexibilizarse en tiempos y lugares pero en muchos casos sí es posible. 

La alternativa a esta flexibilización es lo que tenemos ahora: un mercado laboral con talento "desperdiciado" porque las mujeres, al ser madres y descubrir que eso de las superwomen que llegan a todo es una soberana mentira, levantan el pie del acelerador y ejecutan su consiguiente renuncia laboral, seguimos trabajando, sí, pero sabiendo que ya no se cuenta con nosotras porque nuestro nivel de presentismo no es el deseado.

Todo esto pilla además con el pie cambiado a más de un hombre, porque su rol también ha cambiado, porque un padre es algo más que el que trae un sueldo a casa y regaña cuando cae algún suspenso; pero con tanto lío de igualdad al final resulta que el papel de padre tampoco está claro, sabemos que no es el que era y también que no es el de la madre...pero no sabemos cual es. 

Y con la igualdad como bandera hay quien se llena de razón para decir que hay mucho camino que recorrer todavía porque los salarios de las mujeres, a igualdad de puesto, siguen siendo considerablemente inferiores a los de los hombres... Pues sí y no. Hay cosas que no pueden cambiar por Real Decreto, y menos si hablamos del ámbito privado, es la propia evolución social la que debe cambiarlas, el camino que queda por recorrer es mucho más amplio y ancho que el asunto de los salarios: nos falta, nada más y nada menos, que entender que la sociedad ha evolucionado y seguirá evolucionando y que por tanto los patrones sociales de hace cuarenta años no sirven; los roles de hombre y mujer no son los que eran pero las responsabilidades, pintadas de otra forma, repartidas de otra manera, en otro entorno ... sí vienen siendo las mismas sobre todo en lo que al terreno familiar se refiere.

En mi opinión, más allá de todas las tareas pendientes que tenemos, el mayor reto que tenemos es afrontar y enfrentar de una buena vez la cultura del presentismo en los entornos de trabajo: seguimos a vueltas con que la productividad de los españoles es baja; y es cierto, es baja pero no porque trabajemos menos que los europeos, probablemente trabajemos lo mismo y seamos, punto arriba punto abajo, igual de productivos, la diferencia está en que los europeos hacen su trabajo y se van a casa y los españoles nos pegamos la dosis diaria de presentismo, para que se vea lo desvelados que estamos por la empresa casi nos quedamos a dormir...

Toca sacudirnos la caspa, dejar en casa los complejos y ser productivos.

4 comentarios:

  1. Berta.

    Me encanta como abordas el tema, lo bordas.

    Hay que echarle al día más horas de las que tiene para conciliar y eso que pensamos como tú, que uno es una persona con su vida personal y laboral a cuestas durante todo el día. No sé que haríamos sin nuestras respectivas "blackberry".

    Un abrazo,

    José María

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  2. Muchas gracias José María.

    Es uno de esos temas que no me canso ni me cansaré de tratar ... soy una absoluta convencida de que muchos de los problemas que tenemos tanto a nivel empresarial como social empiezan ahí.

    Un abrazo
    Berta

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  3. De acuerdo en que productividad y presentismo no siempre tienen que ir asociados. Incluso en algunas profesiones el presentismo podría ser antiproductivo.
    En lo referente a las madres trabajadoras y sus dificualtades pare conciliar ambos cometidos habrá que asumir que un hijo requiere algunas renuncias. Legislar el tiempo suficiente para criarlos (3 años?), indistinto para el hombre o la mujer y con cargo a los Presupuestos del Estado. O esperar a que funcione el Servicio Nacional de Ciudado y Crianza Integral de Hijos de Madres Trabajadoras.
    Por cierto, criar y educar a un hijo con éxito no tiene nada que envidiar al éxito profesional.
    Otroquetal

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  4. Gracias Ramón por tu visita y comentario.
    Es cierto que un hijo requiere renuncias ... como todo en la vida, si lo piensas bien, siempre que elegimos algo estamos a su vez renunciando a algo. Pero una cosa es la renuncia a un desarrollo profesional elegida por la madre y otra cosa bien distinta es el paso al ostracismo profesional decidido por terceros. Sinceramente creo que la conciliación es posible, pero soy realista y se que queriendo tener tiempo para mi hijo no puedo competir con quien se dedica en cuerpo y alma al trabajo, no aspiro tampoco a ello pero sí a que se me permita compaginar mi trabajo con mi vida y demostrar que es posible desarrollar un buen desempeño laboral y aportar mucho en una empresa sin vivir en ella, posiblemente sea incluso posible aportar más que quien vive en ella...
    un abrazo
    Berta

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